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Los retos de Merkel en el nuevo escenario mundial

Los retos de Merkel en el nuevo escenario mundial

Hace tan solo unos días tuvo lugar en Nueva York la 72a Asamblea General de Naciones Unidas, y los delegados de cada país miembro pudieron comprobar cómo el Presidente de Estados Unidos elegía pronunciar, en su primera intervención en dicha sede, un discurso más propio del periodo de entreguerras mundiales que del posterior al mismo. Trump enfatizó el retorno a la soberanía plena de los estados y el interés nacional, precisamente ante la principal organización que Estados Unidos y sus aliados impulsaron en 1945 con el fin de alcanzar una colaboración interestatal más estrecha y lograr dejar atrás las guerras entre naciones desarrolladas y la explotación de los pueblos más pobres del planeta.

Donald Trump llegó a afirmar que el pago del 22% del presupuesto de la ONU es una carga excesiva para Estados Unidos, la nación que produce el 25% del PIB mundial. Y ante la duda de si toda esta retórica pudiera no tener un objetivo meramente electoralista y quizá llegue a afectar a la arquitectura internacional vigente, Europa se pregunta si puede permitirse prescindir de liderazgos conscientes de que los retos que el mundo afronta hoy requieren a menudo una respuesta coordinada y generosa por parte de, al menos, todos los miembros de la alianza transatlántica, que sigue representando la mitad de la economía mundial. O si deberíamos dar por perdida la presencia de valores europeos en el discurso público global que, con mayor o menor acierto, se ha pretendido que rigieran las relaciones internacionales desde hace ya tiempo y, en especial, desde 1945: la diversidad inclusiva, el respeto a los derechos humanos, y el principio de igual dignidad.

Este es el contexto internacional en el que las elecciones generales en Alemania, la primera potencia económica europea y la cuarta del mundo, han tenido lugar. “El tiempo en que podíamos confiar completamente en otros, de algún modo ha terminado”, explicó diplomáticamente Merkel después de los primeros desplantes públicos de Donald Trump. Después, y como muestra de buena voluntad, Merkel confirmó su intención de aumentar el gasto en Defensa desde el 1,2% del PIB hasta el 2% que establece la OTAN. Sin embargo, Alemania ya había incrementado previamente su contribución a la seguridad internacional enviando tropas a Afganistán, Mali y Lituania, además de haber lanzado un plan de inversiones y cooperación en el Africa Subsahariana para prevenir futuras crisis de refugiados.

Angela Merkel no tiene por delante un papel fácil a nivel internacional no solo por el vacío que deja, quizá solo temporalmente, Estados Unidos. Sino que la coyuntura de cambio económico y tecnológico, con la creciente desigualdad de clases de la que tampoco se libra Alemania, también limita enormemente la capacidad de maniobra política de la Canciller. Porque la acogida de refugiados por la situación en Siria en 2015 la apoyaba un número mayoritario de alemanes, pero las amplias capas de la población que sufren el estancamiento de sus salarios desde hace decenios recibieron con mayor apertura la propaganda nacionalista del AfD. Y ello reflejó un declive en las encuestas de la CDU que parecía que acabaría prematuramente con el futuro político de Angela Merkel. La preocupante tendencia revirtió solamente cuando decayó el número de acogidos que Alemania recibía, gracias a un acuerdo de repatriación alcanzado con Turquía. Esta accidentada gestión de la crisis de los refugiados todavía repercute hoy, y ha permitido a la AfD recuperar un discurso sesgado que ha calado en parte de los estratos sociales alemanes más nacionalistas, abriendo las puertas del Parlamento alemán a la extrema derecha por primera vez en 72 años.

Angela Merkel supera los 12 años al frente del gobierno federal y encara un mandato difícil dentro y fuera de Alemania. Ella ha sido reacia hasta el momento a realizar grandes reformas económicas, y aunque la mejor estabilidad social de su país ha permitido mantener en jaque por el momento a los extremismos políticos, una grave crisis que provenga del exterior podría dar al traste con la paz interna y fortalecer las perspectivas de estos grupos, tal y como demuestra el problema creado con los refugiados de Siria. Y ahora que desde Washington se ven las relaciones internacionales más como un juego de suma cero en el que si tú ganas yo pierdo, y los valores europeos parecen debilitados, la Canciller deberá encarar nuevas amenazas que incluyen el intento de influencia política desde el exterior por parte de potencias extranjeras que creen beneficiarse con la inestabilidad y la división interna de las naciones occidentales. Merkel difícilmente querrá y podrá asumir el papel de líder de facto de Occidente, pero sí puede incrementar su presencia en el exterior y su labor de coordinación de cara a fortalecer la Unión Europea ante los distintos retos que plantea el futuro. De su suerte en este envite dependerá en gran medida la nuestra.

Manuel López-Linares es doctor en economía y relaciones internacionales, y autor de Pax Americana.

@mlopezlinares

FUENTE: Expansión, diario económico líder en España. Edición impresa del 25 de septiembre del 2017.