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Rusia, ciberataques y postverdad

Rusia, ciberataques y postverdad

Hace pocos días que el Comité de Inteligencia del Senado de Estados Unidos hizo testificar a dirigentes de Facebook, Twitter y Google en relación al uso de sus redes por parte de entidades extranjeras. “¿Son ustedes conscientes del uso masivo que han dado a sus plataformas desde Rusia para influir en las elecciones generales en Francia, en Alemania, y ahora en el intento de separación en Cataluña?” Los senadores norteamericanos se estaban refiriendo a la propagación masiva de noticias sesgadas y falsas en las redes sociales. Noticias enviadas por medios de comunicación del entorno del Kremlin como RT y Sputnik, y posteriormente reenviadas por miles de cuentas automatizadas y por influencers como Julian Assange, así como por asociados del entorno venezolano chavista. Y mientras la manipulación en la red llegaba a comparar al sistema político español actual con el Franquismo, Putin lanzaba un mensaje público más comedido, aunque finalmente aderezado por una comparación balcánica: “Haber pensado mejor el apoyo a Kosovo”, decía el pasado octubre en referencia “al hermano mayor” – Estados Unidos – y a la gran mayoría de naciones europeas, posicionando de esta forma al conjunto geopolítico occidental como su adversario directo.

Estos ataques, perfectamente organizados, comparten el espíritu de operativas puntuales y excepcionales de algunos gobiernos de Occidente en el pasado que, una vez desenmascaradas por la prensa libre dentro de sistemas políticos abiertos, han sido posteriormente rechazados por la opinión pública y denominados ya oficialmente como postverdad. Y es esa postverdad la que ahora nos llega desde Moscú corregida y aumentada. Pero no resulta sorprendente que haya sido la Rusia liderada por un ex agente del KGB la que haya dirigido sin apenas disimulo estas constantes campañas para desdibujar la realidad en beneficio propio. Si durante los setenta y tres años de existencia de la Unión Soviética el órgano esencial de su propaganda fue el “Pravda” – que irónicamente significa “la verdad” en ruso- ahora Moscú retoma su viejo sistema de intoxicación de masas, pero aplicado a la ciudadanía mundial y utilizando precisamente las plataformas tecnológicas creadas por su mayor competidor político e ideológico. Una Rusia muy alejada de las capacidades económicas y militares de Occidente, pero que no duda en usar los recursos de que dispone para mostrar casi abiertamente que sabe usar sus cartas y reclamar ser temida y respetada.

Con estos ataques, Rusia muestra que desea un Occidente caótico e inestable para beneficio propio. Un rival débil le permite ganar en capacidad negociadora en la multitud de asuntos que están sobre la mesa, desde las sanciones aplicadas por su presencia en Crimea y el este de Ucrania, a su influencia en Oriente Medio o su obsesión por el Báltico. Además, muestra a los ciudadanos rusos que otros países padecen dificultades sociopolíticas similares, y legitima a su gobierno internamente. Estos son sus objetivos en Cataluña, y también cuando apoya en las elecciones a Le Pen en Francia, al AfD en Alemania, al Brexit en Reino Unido, o a Trump en Estados Unidos. Su objetivo es dividir a otras naciones y, para lograrlo, le vale igual apoyar a Trump como candidato favorito del Kremlin, como a las manifestaciones anti-Trump una vez elegido éste presidente.

En esta estrategia Rusia cuenta con múltiples aliados locales coyunturales. En Estados Unidos, la Breitbart del ex-asesor principal de Trump, Steve Bannon, fue muy promocionada por las cuentas rusas de redes sociales en la campaña presidencial, pero recientemente también Breitbart ha colaborado en la propagación de la idea de que Cataluña se encuentra bajo asedio por parte del gobierno de España. Donald Trump Jr. esperaba ansioso la ayuda que le pudiera proporcionar una abogada del gobierno ruso en 2016 – “I love it” – y recibió información durante la campaña electoral por parte de la asociación Wikileaks de Julian Assange. Borja Lasheras y Nicolás de Pedro explican en un informe del Atlantic Council que el Kremlin ha encontrado socios también en España para desarrollar su estrategia de desestabilización. En la extrema izquierda española le ayudan quienes ven en Rusia un baluarte contra el imperialismo occidental y la primacía del mercado, mientras que en la extrema derecha, asociaciones y partidos extraparlamentarios admiran en Putin su actitud expansionista, étnico-identitaria, y defensora de la soberanía de la nación-estado ante el internacionalismo occidental.

La Unión Europea debe ser consciente del enorme reto que afronta. El trabajo y la colaboración de las fuerzas de seguridad y de los servicios de inteligencia ayudarán a frenar y exponer los ataques. El conocimiento público de este asedio ayudará a diluir la transmisión de su nocivo mensaje. Y a más largo plazo, los gobiernos deberán trabajar en reducir la brecha de la desigualdad social para eliminar el caldo de cultivo de las ideas rupturistas, y contribuir a elevar el nivel educativo y cultural de nuestras sociedades como defensa contra el discurso minoritario pero creciente del miedo y el odio.

Manuel López-Linares es autor de Pax Americana.

@mlopezlinares

FUENTE: Expansión, diario económico líder en España. Edición impresa del 23 de noviembre del 2017.