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Siria: Trump recupera el “manual de Washington”

Siria: Trump recupera el “manual de Washington”

Resultan inexplicables la crueldad y la torpeza de Bachar el Asad al autorizar la utilización de gas sarín en los bombardeos de su aviación el pasado martes. Tras el otro ataque con agentes químicos perpetrado en 2013 y la posterior negociación con el presidente Obama para proceder a deshacerse de su arsenal, el gobierno sirio no había vulnerado nunca la tregua en el uso de estas armas. Asad ha sido muy torpe, porque la opción de su permanencia al frente del gobierno había ganado enteros de forma paulatina entre la mayor parte de las potencias involucradas en el conflicto, incluido Estados Unidos. El presidente Trump apoyó repetidamente en su campaña electoral la opción de no atacar a El Asad y centrarse en derrotar al enemigo común: el ejército terrorista del DAESH. Por tanto, la acción del dirigente sirio solamente se entiende si se mira a través del espeso velo de ceguera que el odio y la violencia desatan en la guerra.

Trump ha tardado menos de tres días en reaccionar con un ataque armado, el primero que lleva a cabo Estados Unidos de forma directa contra el gobierno sirio desde que estalló la guerra en 2011. La acción ágil y rápida es una forma de actuar muy acorde con la personalidad desplegada hasta el momento por el mandatario estadounidense. Pero también es una forma de decir al mundo que se debe respetar a la nueva Administración encabezada por él mismo. Aunque sobre todo, es una oportunidad para dirigirse a sus conciudadanos y asegurarles por la vía de los hechos que no está condicionado por la política exterior de Rusia y que puede actuar en contra de los intereses de Vladimir Putin. Este mensaje resulta efectivo en un momento en el que las investigaciones de las agencias de inteligencia y del Congreso le han hecho mostrarse muy suspicaz en relación al denominado “caso ruso”.

Imagen de un misil tomahawk disparado por un portaaviones estadounidense contra Siria

El ataque a El Asad es también un poderoso mensaje para el impredecible Kim Jong-un de Corea del Norte, e incluso para el presidente de China, que hasta su cita con Trump en Mar-a-Lago se ha inclinado más por desinhibirse de su responsabilidad frente a un vecino con el que comparte una extensa frontera y sobre el que podría influir mucho más constructivamente. Este mensaje de fuerza frente a los posibles desvaríos de los déspotas de cualquier región del globo ha convencido a los líderes europeos a adherirse a él sin apenas matices, y a pesar de su dudosa legalidad. Conviene sin embargo no perder de vista el medio plazo y recordar la Historia. El problema actual en Siria se intensificó por la reacción suní en el vecino Irak tras las nuevas políticas pro-chiíes del gobierno surgido bajo la tutela estadounidense después del derrocamiento del dictador Saddam Hussein en 2003 por parte de George W. Bush. Muchos suníes desplazados de Irak se adhirieron a los de la oposición de Siria en su guerra frente al eje chií de Siria, Irán, y su nuevo presunto miembro Irak.

“El ataque a Siria es una oportunidad para dirigirse a sus conciudadanos y asegurarles por la vía de los hechos que no está condicionado por la política exterior de Rusia”

Una nueva estrategia occidental en Siria que pretenda acabar con el régimen de Bachar el Asad debe tener en cuenta los efectos que genera el vacío de poder. Dadas las tradiciones locales y la inestabilidad inherente de las fronteras trazadas parcialmente en el reparto entre Francia y Reino Unido de 1916, es muy posible que la paz todavía no sea posible sin contar con la influencia que ejercen las élites locales más poderosas. La idea de acabar con el Asad debe incluir por tanto un plan solvente para el día después en Siria que tenga en cuenta la inestabilidad que generan las rivalidades intra-nacionales lideradas por los suníes de Arabia Saudí  y los chiíes de Irán, entre otras.

Salvo que ni siquiera exista un plan. En tal caso cobraría especial relevancia la conversación del entonces presidente Obama con su jefe de gabinete Denis MacDonough, cuando decidieron no responder al ataque químico de El Asad: “El ‘manual de las élites de Washington’ determina que siempre se responda con otro ataque. ¿Pero qué ganamos con eso aparte de matar inocentes y legitimarle ante su pueblo? Bombardear para probar que estás dispuesto a bombardear es quizá la peor justificación para el uso de la fuerza”.

Manuel López-Linares es doctor en economía y relaciones internacionales, y autor de Pax Americana.

@mlopezlinares

FUENTE: Expansión, diario económico líder en España, versión impresa del 08 de abril del 2017.