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Trump en Asia: el camino al declive

Trump en Asia: el camino al declive

América primero, pero los demás también”. Este es el enrevesado mensaje que ha lanzado el presidente de Estados Unidos desde Vietnam en el encuentro de APEC, el foro de cooperación económica Asia Pacífico. Por un lado, Trump mantiene a miles de kilómetros la idea fuerza que convenció a sus votantes y le llevó a la Casa Blanca y, por otro, parece querer ofrecer una explicación racional al resto de líderes mundiales acerca de por qué es compatible su visión nacionalista con una creciente colaboración internacional, incluso en cuestiones económicas. Esta es la base de su propuesta comercial: no queremos acuerdos multilaterales porque implican reglas comunes y ello afectaría negativamente a sectores económicos nacionales no competitivos; buscamos negociar acuerdos bilaterales para proteger al máximo nuestras industrias más débiles, y ustedes pueden hacer lo mismo.

Lo que Trump pretende con esta estrategia es disfrutar de las ventajas del comercio internacional sin sufrir ninguna de sus desventajas. Y el problema de semejante proyecto radica en la dificultad de su implementación, que requeriría la aceptación de numerosas excepciones a ambos lados de la mesa negociadora, y que acabaría por limitar la amplitud y profundidad de los acuerdos: “América primero, y ustedes también, así que véndame solamente lo que yo no produzca en casa, y viceversa”. Con ello Trump lograría proteger algunas industrias locales, pero no a los consumidores estadounidenses ni a algunos de sus productores. Entretanto, once países continúan las negociaciones del acuerdo comercial multilateral TPP, que potenciará los intercambios y el crecimiento de la zona del Pacífico sin la participación de Estados Unidos.

Trump insiste en que los déficits comerciales con China y otros países se deben siempre a que el marco jurídico de su relación perjudica a Estados Unidos. Son, según él, acuerdos injustos porque permiten a sus socios vender a Estados Unidos más de lo que los norteamericanos venden a los primeros. Nunca ha aclarado Trump exactamente qué parte de los acuerdos resulta tan inaceptable que debe modificarse, pero tampoco se le ha oído mencionar nada acerca de los superávits que disfruta Estados Unidos en su balanza comercial con Bélgica, Holanda, Australia, o Emiratos Árabes Unidos, o cómo afectan algunas exportaciones estadounidenses a industrias menos competitivas de otros países. O incluso cómo en realidad beneficia a Norteamérica en su conjunto la importación de productos extranjeros con buena relación calidad-precio, aunque perjudique a algunos productores locales en el corto plazo. Pero en este viaje ha decidido exonerar a China y a otras naciones de posibles responsabilidades sobre estas supuestas relaciones asimétricas. Esta vez ha culpado a los expresidentes de su país por haber negociado mal o no haber renegociado.

Mientras tanto, China lidera el proyecto para resucitar la antigua ruta de la seda y revitalizar el transporte y el comercio entre sesenta países de Asia, Europa y África. Y aunque la economía china todavía representa un 60% del PIB nominal de Estados Unidos, la creciente importancia del “pivote euroasiático” confirma el desplazamiento paulatino del pulmón económico mundial hacia el este. Y Trump ha querido aprovechar este viaje para sellar contratos o declaraciones de intenciones de compañías chinas con empresas estadounidenses por un valor de 250.000 millones de dólares, que implica la venta de material estadounidense, pero también la compra de producción china y la inversión directa asiática en Norteamérica. Por tanto, la cifra se sitúa lejos de los 347.000 millones de dólares de déficit comercial estadounidense con China en 2016 que tanto obsesiona a Donald Trump y que no sabe cómo reducir.

En materia de seguridad, en este viaje Trump ha querido advertir de nuevo a Corea del Norte por su programa nuclear militar y de misiles de creciente alcance, donde el apoyo de China y Rusia a la posición estadounidense resulta indispensable. Ha llegado a hablar incluso del anhelo por una península libre, que ha combinado con insinuaciones sobre el uso inminente de la fuerza contra Pyongyang. Pero el encuentro con el líder ruso se ha limitado a una breve charla antes de posar para una foto de grupo, quizá debido a la incomodidad que generan en Estados Unidos las crecientes sospechas de colusión con Rusia por parte de la cúpula de la campaña electoral de Trump en 2016.

Estados Unidos sigue siendo la hiperpotencia, la nación indispensable. Pero una vez que Siria ha decidido adherirse al Tratado de París contra el cambio climático y ya no queda un solo estado en todo el planeta que acompañe a Trump en su posición negacionista, el mundo observa atónito la creciente debilidad del presidente. Un presidente que pierde paulatinamente su autoridad moral en un ocaso que también arrastra a su país y que, posiblemente, sea solo un paréntesis temporal y no el declive definitivo de su primacía en el mundo.

Manuel López-Linares es autor de Pax Americana.

@mlopezlinares

FUENTE: Expansión, diario económico líder en España. Edición impresa del 16 de noviembre del 2017.