Pax Americana | Vladimir Putin y la nostalgia por el viejo imperio
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Vladimir Putin y la nostalgia por el viejo imperio

Vladimir Putin y la nostalgia por el viejo imperio

Vladimir Putin se presenta a unas elecciones presidenciales en las que nadie duda que será reelegido presidente por un amplio margen. Esto se debe en parte a su gran popularidad entre los rusos, pero la verdadera razón es que Rusia no goza de un sistema libre, sino que sigue siendo considerado como un régimen autoritario o, si se prefiere, una democracia intervenida. Por un lado, las trabas del comité electoral para la aceptación de los candidatos hacen una criba previa y, por otro, el aparato estatal controlado por el presidente ostenta un grado de influencia definitivo sobre los medios de comunicación, especialmente la televisión. Además, el sistema judicial ha intervenido este año para impedir al rival más fuerte de Putin, Alexei Navalny, su participación en los comicios.

Aparte de Putin, finalmente se presentan otros siete candidatos, pero ninguno de ellos acumula los apoyos de Navalny, por lo que no resulta imposible que Putin obtenga su anhelado 70-70. Un 70% de votos con un 70% de participación, que se enfrentan a la llamada de Navalny a la abstención y las acusaciones de juego sucio.

 Economía y geopolítica

Los primeros dos mandatos presidenciales de Putin, entre 2000 y 2008, llevaron a Rusia a alcanzar un crecimiento económico fuerte y sostenido. Su reforma fiscal ayudó a obtener ingresos fiscales por medio de la reducción de la evasión, y su impulso a la industria energética en un momento de auge de la demanda mundial permitió aumentar el PIB por encima del 5% todos los años en los que fue presidente. Tras el mandato de transición de Medvedev, Putin logró de nuevo la presidencia en 2012, pero esta vez aplicando una reforma que ampliaba su mandato hasta los seis años en el poder. Las cifras de 1,3% y 0,7% de crecimiento de la economía rusa en 2013 y 2014 auguraban un cambio de ciclo, que se concretó por la elevada inflación y también en parte por las sanciones aplicadas contra Rusia a raíz de la intervención en Ucrania y la anexión de Crimea en 2014.  La cifra de crecimiento de 2017 ha vuelto a ser positiva pero débil: un 1,5% para lograr la producción de un PIB similar al de España. Pero su puesto número 12 por tamaño económico en realidad muestra un país desigual y todavía muy desequilibrado, ya que su PIB per cápita se encuentra por debajo de la media mundial y en el puesto 64: muchos de sus 144 millones de habitantes obtienen una renta media de 10.200 dólares al año, muy por debajo de los niveles de las naciones más desarrolladas del planeta.

Tensión con Occidente

Las elecciones presidenciales se han trasladado de fecha para hacerlas coincidir con el cuarto aniversario de la anexión de la ucraniana Crimea por parte de Rusia. Porque Vladimir Putin es consciente de que su agresiva política exterior tiene un efecto positivo en su popularidad interna, aparte de constituir un poderoso mecanismo de distracción de los problemas que padecen los rusos. No en vano, el pasado uno de marzo Putin aprovechó su discurso para alardear de sus nuevos misiles hipersónicos con un vídeo-demostración de un ataque-ficción a lo que parecía la península del estado de Florida, en Estados Unidos.

El norteamericano Richard Haas, del Council of Foreign Relations, se pregunta si toda esta agresividad no pudiera provenir también de la falta de apoyo económico occidental a Rusia en los años noventa, cuando a su vez la OTAN comenzó a plantear la ampliación a los países de la antigua órbita soviética, lo cual a su vez ha dado pie a la aparición de este líder fuerte de viejo cuño. Desde luego, su análisis tiene una resonancia histórica que el conocido analista no menciona pero que quizá plantea intencionadamente: esta situación parece producto de un error similar al cometido por Europa y Estados Unidos frente a Alemania en 1919 con el Tratado de Versalles tras la Primera Guerra Mundial. Una política insolidaria frente a un antiguo adversario que se siente humillado ante un “Diktat” que acaba provocando la aparición de un líder fuerte y vengativo, que a su vez genera problemas aún mayores por su calculada y creciente hostilidad. Es difícil saberlo, pero la realidad es que la actitud de Putin en los últimos años rebasa con creces los baremos con los que se mide en Occidente el nivel aceptable de acciones de intervención exterior en la dinámica de equilibrios de poder entre potencias rivales.

Ha quedado suficientemente acreditado para las naciones europeas y Estados Unidos que Rusia ha intervenido activamente en medios y redes sociales por medio de mecanismos de propagación de noticias falsas en todos los procesos políticos electorales de relevancia occidentales en los últimos años, además de en el proceso independentista catalán y en el referéndum a favor del Brexit en Reino Unido. Y todo con el aparente objetivo de crear discordia y debilitar a estas naciones. Y aunque Putin lo niega, muchos piensan que resulta tan obvio, que lo más lógico es que el propio Putin quiera que tanto rusos como extranjeros sean conscientes de la actividad transgresora que está llevando a cabo el Kremlin por el mundo. Y es que ese es en realidad el modus operandi habitual para la mentalidad de un ex agente del KGB que en 1998 alcanzó la dirección de la FSB, la institución que sucedió a la legendaria agencia soviética de inteligencia y espionaje.

Todo esto supone un importante reto para Europa, que en la última semana ha mostrado el grado de tensión que puede alcanzar este retorno a la Guerra Fría. El envenenamiento en Reino Unido de ex espías rusos que traicionaron en su día a Moscú parece un mensaje de amenaza a los servicios de inteligencia rusos por parte de un Putin envalentonado. Pero el hacerlo de nuevo mucho más allá de sus propias fronteras ha puesto a prueba los mecanismos de solidaridad entre naciones que el mismo Putin ha ayudado a debilitar últimamente. Theresa May ha sido contundente pero, muy probablemente, se habrá preguntado si dado el nivel de tensión por las negociaciones del Brexit, sus socios europeos reaccionarían con la celeridad esperada. Y así ha sido. Pero sí le habrá dolido la lentitud con la que ha reaccionado el Presidente de Estados Unidos, que ha tardado tantas horas en apoyar a los británicos que parecían una eternidad. Sin embargo, Trump ha ejecutado finalmente las medidas de presión frente a Rusia aprobadas hace meses por el Congreso, por lo que de momento, la imprescindible unidad occidental ante un envalentonado y amenazador Putin, parece garantizada.

 

Manuel López-Linares es autor de Pax Americana. 

@mlopezlinares

FUENTE: Expansión, diario económico líder en España. Edición impresa del 17 de marzo del 2018