Pax Americana | El Reino Unido en el laberinto
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El Reino Unido en el laberinto

El Reino Unido en el laberinto

Cuando Theresa May convocó elecciones generales hace menos de dos meses, las encuestas le otorgaban a su partido más de veinte puntos porcentuales de intención de voto por encima del Labour Party, y parecía que la apuesta garantizaba una victoria con mayoría absoluta y alrededor de 100 escaños más que el partido liderado por Jeremy Corbyn. Sin embargo, la diferencia final de votos entre ambos partidos ha sido de apenas dos puntos (42,4% frente al 40,0%), que se traducen en 57 escaños de distancia por el efecto de desproporción que genera el sistema político mayoritario británico. Sin mayoría conservadora suficiente, el nombramiento de May como primera ministra y la gobernabilidad la pueden aportar los 10 diputados electos del Partido Unionista de Irlanda del Norte, aunque la decisión más coherente para May sería la dimisión.

Pero lo más relevante es que el partido conservador ha logrado 12 escaños menos de los que tenía antes de las elecciones y había obtenido su anterior líder, David Cameron. May buscaba aprovechar su superioridad en las encuestas para legitimarse como primera ministra en unas elecciones populares, con el objetivo de ampliar su mayoría de cara a negociar con más respaldo la salida del Reino Unido de la Unión Europea. Pidió un mandato claro para negociar duro e, incluso, salir sin pacto y de cualquier manera: “no llegar a un acuerdo con Bruselas es mejor que un mal acuerdo”. Después de haber defendido en privado con vehemencia la conveniencia de permanecer e incluso liderar la UE, y después de haber apoyado públicamente, si bien de forma calculada, el rechazo al Brexit, ahora May parecía creer en la supuesta oportunidad de negociar una relación mejor, pero siempre fuera de la UE. Por lo tanto, este resultado electoral debe entenderse como un debilitamiento claro de sus tesis. “La nación está ya unida (apoyando el Brexit) pero Westminster no lo está”, exclamó el día en que convocaba elecciones. Pero la realidad es que ni la nación ni el Parlamento apoyan inequívocamente el Brexit en la actualidad, ni son capaces de ver con claridad cómo salir de esta complicada situación.

“El futuro del Reino Unido y su relación con la Unión Europea se encuentran ahora en el aire”

La primera ministra británica, Theresa May, durante una aparición pública

Porque lo cierto es que un candidato tan débil como Corbyn ha sido capaz de recortar casi toda la distancia que separaba a los dos principales partidos en términos de apoyo popular. Y Corbyn, que también se manifestó contrario al Brexit en el referéndum de hace un año, ha defendido ahora una postura mucho más suave que May frente a la ruptura. Por tanto, May debe olvidar ya su opción de Brexit duro. ¿Qué queda entonces? En teoría, un acuerdo de ruptura suave que permita a Reino Unido y a la UE disfrutar de gran parte de los beneficios que aportan a ambos las profundas relaciones económicas mutuas basadas en la libertad de movimientos de bienes, servicios y capitales. Pero ese es precisamente el escenario que parece debilitar a la propia UE en el largo plazo, y que Jean-Claude Juncker y Michel Barnier han descartado desde el principio. Es por ello cada vez más factible que, tras finalizar el plazo de dos años de negociación, no se logre alcanzar un acuerdo. O que el texto final sea rechazado por los estados miembros de la Unión, o por el propio Parlamento Británico. Pero entonces, ¿cómo salir de este laberinto?

El futuro del Reino Unido y su relación con la Unión Europea se encuentran ahora en el aire. Y dado que el referéndum de 2016 no era vinculante, cada vez resulta más factible que en el futuro, y una vez se compruebe qué tipo de acuerdo puede lograrse con la UE, se convoque un nuevo referéndum con un texto como base. En todo caso, la solución a este problema no resulta nada clara y va a requerir de tiempo y debate, pero el resultado de estas elecciones en el área de Escocia ofrece una pista. Ahora parece que un número creciente de votantes de la zona prefiere permanecer en el Reino Unido, o al menos no volver a votar al respecto, incluso bajo la amenaza del Brexit. Esto demuestra que parte del electorado es volátil y capaz de cambiar de voto según se enfaticen unos factores del debate u otros. Lo cual nos retrotrae a la pregunta planteada tras el referéndum de 2016: ¿Resulta lógico someter al electorado a este tipo de decisiones complejas y rupturistas? Quizá sea hora de que los representantes públicos comiencen a asumir toda su responsabilidad política y dejen de delegar su trabajo en la ciudadanía.

Manuel López-Linares es doctor en economía y relaciones internacionales, y autor de Pax Americana.

@mlopezlinares

FUENTE: Expansión, diario económico líder en España. Edición impresa del 10 de junio del 2017.