Pax Americana | Francia resiste el embate populista
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Francia resiste el embate populista

Francia resiste el embate populista

El recuento parcial de esta segunda vuelta otorga a Marine Le Pen un 37% de los votos. Si eliminamos el efecto favorable que le ha producido la abstención, considerando en el cálculo el número total de papeletas emitidas en la primera vuelta, su porcentaje real de apoyo entre los votantes disminuye hasta el 24%. Pero si queremos calibrar la fuerza actual en Francia de los populismos de ambos signos, el porcentaje asciende hasta el 40,6% que obtuvieron ambos Le Pen y Melenchon en la primera vuelta de estas presidenciales. Son cifras elevadas, pero no excesivas si tenemos en cuenta la situación socioeconómica que atraviesa Occidente y el impacto que la misma ha tenido en otros procesos electorales recientes en Europa y Norteamérica.

Le Pen ha sabido conectar con los sufrientes a través de su diagnóstico catastrofista y su crítica feroz a las élites. El crecimiento de la brecha de la desigualdad económica y el aumento de la precariedad laboral en amplios sectores de la población activa han provocado que jóvenes y muchos de los más desfavorecidos hayan buscado alternativas políticas que ofrecieran terapias distintas. Y la poca concreción de las propuestas más locuaces de Le Pen, junto con la dificultad de su evaluación “ex ante” para muchos votantes, le han permitido a la candidata nacionalista en este escenario de crisis aumentar su base electoral y superar con creces el 17,8% que obtuvo su padre ante Chirac en 2002.

“Macron ha sorteado con éxito esta nueva embestida antieuropea, nacionalista y excluyente, que parece haber vuelto a apoyar desde el exterior Vladimir Putin”

La candidata ha querido liberarse de los lastres del pasado para aumentar su base electoral, y ha promovido un cambio de imagen de campaña que incluía solamente su nombre de pila y un nuevo logo de connotaciones izquierdistas. Quedaban eliminados del cartel su apellido y el nombre del partido, como si ella no tuviera nada que ver con el Frente Nacional fundado por su padre y que ella misma ha presidido desde 2011. Como parte de esta estrategia, y de cara a afrontar la segunda vuelta de las elecciones, Marine Le Pen dejó dicha presidencia hace apenas dos semanas. Pero Macron ha sabido desenmascarar esta maniobra con solvencia, y en el último debate televisado no dudó en denunciar la labor corrosiva de Le Pen como “sacerdotisa del miedo” con sonrisa forzada. Le Pen matizó in extremis la salida del euro al final de la campaña y la convirtió en un mero “hacer espacio” para permitir la convivencia con el franco, pero Macron demostró que el nuevo plan se reducía solamente a un enunciado sin elaborar. Y el rechazo al extranjero lo matizó Le Pen con video clips que pretendían incluir a los franceses de toda raza y origen, pero Macron no dudó en recordar el bagaje histórico de la ideología del Frente Nacional: un fascismo ahora disfrazado de movimiento popular transversal. También lo recordó oportunamente la persona que sustituyó a Le Pen al frente de su partido el pasado 24 de abril, Jean-François Jalkh, teniendo que abandonar el cargo menos de una semana después tras salir a la luz unas declaraciones suyas en las que negaba el uso del gas Zyklon B por los nazis en el Holocausto.

Emmanuel Macron, nuevo presidente electo de Francia.  Movimiento En Marche!

Francia y la Unión Europea nos jugábamos mucho en este envite. Estaba amenazado el orden liberal creado y liderado por Estados Unidos tras las Segunda Guerra Mundial. La paz y el progreso de Europa a través de intensos lazos comerciales, y la cooperación política multilateral protegida bajo el amparo común de la OTAN podían sufrir una herida mortal. Y a su vez, estaba en riesgo la preeminencia de la visión occidental del mundo que sustenta dicho orden. Una visión de más de 1.500 años de vida que ha resistido muchos momentos de confrontación con el pensamiento dualista que lo retaba y que en Francia fue abanderado por los hugonotes en el siglo XVI, por Pascal y los jansenistas en el XVII, o por los que más tarde acogieron el régimen de Vichy en el XX. Esta persistente alternativa, que responde a los grandes interrogantes de la existencia humana con un excluyente “uno” u “otro” en lugar del europeo “ambos”, acaba concluyendo que el mundo es una jungla hostil y el ser humano se encuentra del lado del mal y está predeterminado, por lo que su corolario político es favorable al autoritarismo y a la sociedad uniforme y no diversa ni libre.

Macron ha sorteado con éxito esta nueva embestida antieuropea, nacionalista y excluyente, que parece haber vuelto a apoyar desde el exterior Vladimir Putin. El socio-liberal era el único candidato verdaderamente europeísta, y ha sido siempre cuidadoso en afrontar el debate acerca de los problemas de Francia con una visión occidental – “ambos” – hilvanando sus argumentos dialécticos con un ya clásico “pero también”, que busca tener en cuenta todos los elementos que afectan a cada asunto. Y ahora Macron va a necesitar, para su complicado proyecto reformista, el apoyo del Parlamento que surja en Francia el próximo 11 de junio.  De su suerte en la tarea hercúlea que tiene por delante no solo depende el futuro de Francia, sino también el nuestro y el de todo el continente.

Manuel López-Linares es doctor en Economía y Relaciones Internacionales, y autor de Pax Americana.

@mlopezlinares

FUENTE: Expansión, edición impresa del 08 de mayo del 2017