Pax Americana | La amenaza del terrorismo en Europa
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La amenaza del terrorismo en Europa

La amenaza del terrorismo en Europa

Los recientes ataques en Reino Unido y Bélgica, junto con la detención de un militante del DAESH en Madrid, generan la sensación de que la amenaza terrorista en Europa ha adquirido una dimensión sin precedentes. Sin embargo, y aunque es cierto que el número de atentados ha crecido recientemente, es conveniente observar el fenómeno desde una perspectiva histórica.

Según The Economist, el número de muertes por terrorismo en Europa Occidental era de entre 100 y 300 cada año y de forma casi sistemática durante la década de 1970 y 1980 del siglo XX. Los ataques provenían mayoritariamente de organizaciones como el IRA o ETA, entre otras. Los años 90 supusieron una caída importante en cuanto a número de muertes, que permitió al siglo XXI comenzar en mínimos históricos. Hasta que el que el terror de corte yihadista golpeó Estados Unidos en 2001 y Madrid en 2004. El número anual de muertes después de aquellos atentados ha sido sin embargo muy bajo en ambos continentes, pero desde el año 2015 hemos experimentado un repunte que, aunque no alcanza las cifras de muertes que sufríamos cada año durante los peores momentos del siglo pasado, ha ascendido ya a cantidades superiores al centenar, tanto en 2015 como en 2016.

Terroristas armados del DAESH en el desierto

Y en paralelo, el resto del mundo comenzaba el nuevo siglo en aparente calma. Una calma relativa que duró hasta la fatídica fecha de marzo de 2003, en la que se produjo la invasión de Irak y el debilitamiento de la posición suní en el país. Desde entonces, naciones como Irak, Afganistán, Pakistán, Nigeria o Siria sufren un paulatino crecimiento en el número de muertes por culpa de estos ataques, que en 2014 se situaron por encima de las 30.000 anuales.  Dado el número y la gravedad de los golpes que sufren estas y otras naciones desde 2003, el impacto del terrorismo en el mundo occidental no suele superar el 2% del que se produce en el Gran Oriente Medio en su conjunto.

El signo del terror que padece Europa en la actualidad es yihadista suní, y el foco está lógicamente colocado en el DAESH, a pesar de que fuera de Europa, grupos como los Talibán o Boko Haram están igualmente activos. El DAESH surgió en 2004 en Irak como parte de Al Qaeda, y se escindió de esta última en 2013, expandiéndose a Siria y creando al año siguiente lo que ellos denominan como un califato con territorio en ambas naciones. El acceso al petróleo y su amplio control territorial les ha permitido establecer una sofisticada red de propaganda y captación que ha alcanzado incluso a las capitales europeas. Les caracteriza una crueldad ideológica extrema, que les ha llevado a ejecutar víctimas inocentes ante las cámaras. El nivel de barbarie mostrado en la destrucción de obras de arte y arquitectura únicas, de más de veintidós siglos de antigüedad, es otra de sus señas de identidad que resultan difíciles de olvidar.

“La mayoría de los activistas del DAESH en Europa han nacido aquí”

Pero el DAESH está ahora acorralado, y los mandos militares estadounidenses confían en que la constante reducción del territorio que ahora dominan acabe en su total dilución en la arena del desierto para el otoño de este mismo año. A pesar de ello, y después de su derrota militar, lo lógico es que la organización mute y vuelva a la clandestinidad en una variedad de territorios, manteniendo o incluso intensificando su “actividad” en Occidente. Por desgracia, el desprecio por su propia vida les facilita la adaptación de su modus operandi y su capacidad para infligir daño. Los controles migratorios de poco sirven ya, pues la mayoría de sus activistas son personas nacidas en Europa, aunque habitualmente provengan de familias que inmigraron una o dos generaciones atrás. Son en general jóvenes inadaptados, con un gran vacío existencial que les empuja a caer en el tipo de propaganda que les ofrece ser parte de algo supuestamente importante, histórico, de una lucha de signo apocalíptico que dará pleno sentido a sus vidas. Y carecen del criterio suficiente y la solidez moral para entender que el fin no justifica los medios.

El reciente atentado contra la mezquita de Londres complica la ya de por sí difícil lucha contra el terrorismo. Jack Moore explica en Newsweek que el terrorismo de ultraderecha, activo hace unos años, sigue creciendo, y que el 35% de los detenidos por extremismo desde 2003 son personas de raza blanca. DAESH aprovecha estos ataques como material de propaganda que inflama la espiral de odio inter-religioso y étnico. Es un caso similar al atentado de enero de este año en Quebec, Canadá, que también se perpetró en una mezquita. Por lo tanto, para solucionar el creciente problema del terrorismo yihadista en Europa es necesario acabar con la dinámica de venganza que se está creando. Pero para una solución real y duradera quizá debamos replantearnos también la naturaleza de nuestras relaciones con las naciones que promueven el wahabismo y cualquier cosmovisión hostil, excluyente y violenta. Eventualmente eso podría producirnos un daño económico, pero el origen ideológico y financiero del problema debería finalmente formar parte de la solución.

Manuel López-Linares es doctor en economía y relaciones internacionales, y autor de Pax Americana.

@mlopezlinares

FUENTE: Expansión, diario económico líder en España. Edición impresa del jueves 29 de junio del 2017.