Pax Americana | La mayor amenaza contra Estados Unidos
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La mayor amenaza contra Estados Unidos

La mayor amenaza contra Estados Unidos

La caída de Roma se debió, según el recientemente fallecido Zbigniew Brzezinski, a la combinación de tres causas principales: la decadencia moral de sus élites rectoras, la hiperinflación producida por los grandes déficits de gasto público financiados mediante creación de moneda, y el excesivo tamaño alcanzado por los territorios gestionados desde la metrópoli. En el caso de los Estados Unidos, ninguna de estas causas ha cobrado la suficiente fuerza como para debilitar su poder desde el comienzo de su liderazgo mundial, si bien durante los mandatos de algunos de sus presidentes parecía que un cuarto factor diferente sí podría acabar suponiendo el derrumbamiento definitivo: la acumulación de intervenciones bélicas o encubiertas de aparente signo egoísta en un creciente número de países.

Hoy en día, sin embargo, la mayor amenaza contra la fortaleza y el poder de los Estados Unidos parece que reside en su interior: una sociedad profundamente dividida, dispuesta a aceptar cambios drásticos perjudiciales, tales como el proteccionismo comercial. Existe actualmente una polarización ideológica, quizá como resultado de la creciente desigualdad económica, que ha provocado que un número elevadísimo de ciudadanos estadounidenses apoye el lema “América primero” y la idea de repliegue y aislamiento que se encuentra detrás del mismo. Y es la ejecución de dicho repliegue, lo que puede significar, paradójicamente, la aceleración de su propia decadencia. Resulta sin embargo factible mantener todavía la esperanza en la fortaleza americana y en el esencialmente benigno orden liberal global que han liderado hasta ahora, aunque solo sea porque a pesar de las recientes declaraciones de Angela Merkel, sigue resultando increíble pensar que Estados Unidos no aceptaría los compromisos de defensa mutua del artículo 5 de la OTAN, por ejemplo. Pero Merkel habla después de haberse reunido con Trump en varias ocasiones, y se refiere también a la necesaria coordinación en cuestiones económicas y comerciales que desde hace casi 70 años lideraba Washington. Y es que Trump ha demostrado no entender ni siquiera que Alemania y el resto de naciones de la Unión Europea comparten condiciones comunes para el comercio con Estados Unidos, y ha seguido afirmando que los alemanes son “malos” y tienen condiciones comerciales mejores que Bélgica, por ejemplo, porque les venden muchos coches alemanes. Y en América, su base de votantes y parte de la del partido Demócrata parece compartir el diagnóstico, y también el recurso al proteccionismo para corregirlo. Por tanto, los elementos para que se hagan realidad las amenazas de Trump, que Merkel ya cree sinceras, forman parte de las creencias de gran parte de la sociedad estadounidense.

“Trump ha demostrado no entender ni siquiera que Alemania y el resto de naciones de la Unión Europea comparten condiciones comunes para el comercio con Estados Unidos”

Ilustración irónica sobre la actitud del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, frente a Alemania

El reciente primer viaje al exterior de Donald Trump como presidente ha evidenciado esta preocupante tendencia al repliegue. No ha pasado desapercibido el contraste entre el tono de su mensaje en Arabia Saudí frente al elaborado ante sus aliados occidentales en Bruselas. Y es que no solo fue extremadamente cordial ante la autocracia que ha alimentado la versión wahabita del Islám y el terrorismo que ejecutan grupos como el ISIS o Al Qaeda. Sino que además, ante los jefes de gobierno de países miembros de la OTAN optó por exigir por enésima vez el aumento de gasto en defensa y pareció confundir el mismo con aportaciones a un presupuesto común, y todo ello como respuesta al homenaje que el resto le hacía en honor a las víctimas del 11-S.

En ambos discursos, Arabia y Bélgica, Trump se refirió a la lucha del “Bien contra el Mal”. En el primero, para referirse a la resistencia frente a los grupos terroristas de ideología islamista (wahabita) y, en el segundo, como referencia a la época en que la OTAN se erigía en garantía de defensa frente al Pacto de Varsovia y a los atentados terroristas del 11-S en Nueva York. Ya sabíamos desde antes de su toma de posesión como presidente que Trump estaba muy condicionado por una visión del mundo dualista y maniquea, independientemente de lo emotivo y pertinente que el recurso dialéctico pueda resultar en ocasiones. Lo llamativo es, sin embrago, que quienes él ha considerado como representantes del Mal en estado puro y sin matices en estos ejemplos, son en cierto modo sus principales socios internacionales hasta hoy. No olvidemos la procedencia ideológica y profesional de Putin, ni tampoco la conexión saudí con la mayor parte del horror terrorista sufrido en los últimos años en el mundo.

Nos encontramos pues ante una carrera de desatinos, que afortunadamente en muchos aspectos todavía son retóricos. Su rectificación no parece tarea fácil. Requiere cambios drásticos en la actitud de los miembros del Congreso de los Estados Unidos, que deberán comenzar a olvidarse de sus respectivas carreras personales para centrarse en salvar el sistema mundial liderado por ellos mismos mediante un trabajo coordinado que devuelva la esperanza y la unidad a la sociedad estadounidense. No parece quedar otra salida.

Manuel López-Linares es doctor en economía y relaciones internacionales, y autor de Pax Americana

@mlopezlinares

FUENTE: Expansión, diario económico líder en España, edición impresa del 31 de mayo del 2017.