Pax Americana | Máxima tensión en Venezuela
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Máxima tensión en Venezuela

Máxima tensión en Venezuela

Tras dos intentos de golpe de estado en 1992, Hugo Chávez logró la presidencia de Venezuela en las elecciones de 1999 e implantó lo que él mismo denominó como “Revolución Bolivariana”. Su proyecto político tenía como objetivo un socialismo “adaptado al siglo XXI”. Ese mismo año se convocó una Asamblea Nacional Constituyente con el propósito de redactar una nueva Carta Magna, y la República de Venezuela pasó a denominarse oficialmente “República Bolivariana de Venezuela”. El país ha continuado siendo desde entonces nominalmente una democracia, pero las medidas impulsadas por el nuevo gobierno para limitar la capacidad de respuesta de la oposición, controlar los distintos poderes del estado, y adquirir la voluntad de una mayoría con cargo al presupuesto público, han convertido paulatinamente a Venezuela en una nación sometida a un régimen técnicamente iliberal y, por lo tanto, no realmente democrático.

Las elecciones legislativas de 2015 otorgaron una amplia mayoría a la oposición del sucesor de Chávez, pero ésta no ha podido ejercer sus poderes plenamente desde la Asamblea Nacional debido al veto sistemático del Tribunal Supremo, que en marzo de este mismo año llegó a dictaminar la inhabilitación del Parlamento y asumió todas sus funciones legislativas y de control durante tres días. Esta confrontación entre Nicolás Maduro y la oposición ha saltado a la calle, donde se han producido un centenar de muertes en los últimos meses debido a la actuación de matones contratados por el gobierno para propagar el pánico. Y cuando Maduro ha tomado la iniciativa de anunciar la creación de una Asamblea Nacional Constituyente para rehacer el régimen, la oposición ha organizado en dos semanas una consulta en la que han participado con su voto más de 7 millones de ciudadanos, incluidos más de 600.000 venezolanos que la han apoyado desde distintos países del mundo, en 2.300 centros de votación. Es de suponer que en unas elecciones bien organizadas y con el número de mesas electorales habitual – más de 14.000 en los comicios oficiales – los venezolanos quizás habrían derrocado a su presidente, que fue elegido en 2013 al lograr algo más de 7,5 millones de votos, el 50,6% del total.

Los diputados Armas y De Grazia golpeados por manifestantes en la Asamblea Nacional

Quizás hubieran derrocado a Maduro en el referéndum que debía haber tenido lugar este año, pero la certeza no es total porque, a pesar de que el apoyo al actual presidente no supera el 20% de la población, la mayoría no se identifica ni coincide plenamente con la oposición tal y como está estructurada en la actualidad. Mientras tanto, la tensión es tal que cada día aumenta el riesgo de escalada del conflicto interno, y el aumento de la emigración en busca de un futuro en otros lugares del mundo se ha disparado en los últimos meses. La economía venezolana obtenía elevados ingresos públicos de la industria petrolera, pero la caída del 70% en el precio del crudo desde 2014 ha diezmado las arcas públicas y los programas sociales que éstas financiaban. Para mantenerlos, el Banco Central ha creado dinero de nueva emisión de forma desproporcionada, lo que ha producido niveles de inflación del 800% en 2016, un problema letal para cualquier economía. Venezuela redujo su PIB un 3,9% en 2014, un 5,7% en 2015, y más del 18% en 2016.

“El apoyo a Nicolás Maduro por parte de la población no llega al 20% a día de hoy”

Antes de su dura crisis económica, Venezuela tenía un papel activo en la escena internacional y se posicionaba contribuyendo con fondos y operativa al despliegue de terroristas y narcos en combinación con Irán, Siria y Cuba, con el objetivo de afectar intereses vitales de los Estados Unidos en diversos países. A su vez, Maduro ha acusado repetidamente a su vecino del norte de conspirar para debilitarle y expulsarle del poder.

En el año en que se cumple el centenario de la revolución soviética, sus sucesores ideológicos todavía ignoran el necesario equilibrio entre los intereses del colectivo y los derechos y libertades de cada individuo, lo cual tiene importantes implicaciones a la hora de realizar el diseño del modelo institucional y económico de sus estados. Y quizá también olvidan que un régimen que pretende perpetuarse a toda costa en el poder se arriesga a caer por medios trágicos y con un alto coste en vidas humanas.

Manuel López-Linares es doctor en economía y relaciones internacionales, y autor de Pax Americana.

@mlopezlinares

FUENTE: Expansión, diario económico líder en España. Edición impresa del 22 de julio del 2017.